La mayoría de nosotros, al pensar en una enfermería escolar, imagina que su labor es la de curar rasguños y chichones principalmente y remitir al hospital lesiones más graves de manera esporádica.

Pero la salud no es simplemente la ausencia de enfermedades, sino que estar sano es el resultado de llevar hábitos de vida saludables que aportan beneficios físicos y emocionales. Y la adquisición de esos hábitos saludables por parte de los hijos es algo que preocupa a todos los padres, y es uno de los aspectos en los que la enfermería escolar trabaja.

Así, la mayor parte del tiempo, la enfermería escolar la dedica a promover hábitos saludables a través de talleres y charlas sobre temas tan importantes como higiene bucodental, higiene postural, alimentación o la importancia de la actividad física de forma regular.

Y es que lo más efectivo para lograr una buena salud no es la cura, es la prevención.

La enfermería escolar educa para la prevención de accidentes, transmisión de enfermedades y de conductas nocivas como los desórdenes alimenticios, las adicciones o el acoso escolar, y además enseña a toda la comunidad educativa (profesorado y alumnos) a detectar estos problemas y actuar de manera correcta. Porque la salud no es sólo individual, es algo que nos afecta también como sociedad.

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